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México, seguros y cultura del riesgo: por qué prevenir también es aprender a vivir
México convierte su exposición catastrófica en conocimiento asegurador y cultura de prevención
La elevada exposición de México a terremotos, huracanes e inundaciones ha impulsado durante las últimas décadas un importante desarrollo de la prevención, la gestión de riesgos y la modelización actuarial aplicada a catástrofes, según destacó Gianco Abundiz, partner de AREA XXI en México y CEO de Estadística Actuarial, durante su participación en la entrevista emitida en el programa “Café con Riesgo” en Capital Radio.
https://www.capitalradio.es/audio/6a82a15834ecced63d80ab9d/144567638
Gianco señaló que el país ha experimentado un “salto cuántico” en prevención durante los últimos 40 años. La preparación frente a terremotos y otros eventos naturales comienza desde edades tempranas mediante simulacros y protocolos ampliamente interiorizados por la población. Esta experiencia acumulada también ha permitido al sector asegurador mexicano desarrollar una elevada especialización técnica en riesgos catastróficos.
Sin embargo, el experto identifica todavía una brecha relevante entre prevención y previsión financiera. El principal obstáculo continúa siendo el cortoplacismo, que dificulta que hogares y empresas incorporen adecuadamente el seguro dentro de su planificación económica de medio y largo plazo.
Precisamente para acercar estos conceptos a la sociedad, Abundiz impulsó el Museo Asegurador Mexicano, una iniciativa educativa y sin ánimo de lucro destinada a explicar el funcionamiento del riesgo y del seguro mediante contenidos interactivos y accesibles.
Tras cumplir su primer año abierto al público, el proyecto contempla una ambiciosa siguiente etapa: extender el modelo del museo, en un horizonte aproximado de cinco años, a otros países y territorios de habla hispana.
México es un país fascinante, enorme y diverso. Su belleza geográfica, su variedad de climas y su riqueza natural conviven con una exposición constante a riesgos que forman parte de la vida cotidiana: terremotos, huracanes, inundaciones, vientos intensos y volatilidad económica.
Es, por decirlo de una manera muy gráfica, esa maldición de los países de geografía espectacular. Tener Caribe, Atlántico, Pacífico, zonas desérticas, selvas, cordilleras y grandes ciudades trae consigo desafíos muy distintos. Y México ha tenido que aprender, a veces de la forma más dura, a convivir con ellos.
Key Takeaways
- México ha fortalecido su cultura de prevención tras décadas de terremotos, huracanes e inundaciones.
- El cortoplacismo sigue siendo el principal obstáculo para mejorar la cultura financiera y aseguradora.
- El Museo del Seguro busca explicar el riesgo con un lenguaje cercano, visual y comprensible.
- La prevención protege vidas y el seguro ayuda a recuperar estabilidad después de un siniestro.
Tabla de contenido
- Un país de muchos Méxicos y muchos riesgos
- La cultura de prevención ante terremotos ha dado un salto enorme
- Huracanes, inundaciones y la realidad de la temporada ciclónica
- El gran reto pendiente: dejar de vivir solo para hoy
- Por qué el seguro sigue pareciendo complicado
- El Museo del Seguro: una idea loca, necesaria y muy humana
- Elegir qué contar también fue un riesgo
- Un Museo del Seguro para el mundo hispanohablante
- La anécdota que resume toda una misión
- Riesgo, prevención y futuro: una conversación que no puede esperar
Un país de muchos Méxicos y muchos riesgos
México tiene una extensión inmensa, aproximadamente cuatro veces la de España. Esa dimensión se traduce en realidades climáticas, sociales y económicas completamente diferentes entre unas regiones y otras.
En el norte hay áreas más áridas. En el sureste, especialmente hacia Chiapas y la frontera con Guatemala, aparece una geografía selvática. En las costas del Caribe y del Pacífico, la temporada de huracanes obliga a mantener una atención constante. Y en buena parte del país, la actividad sísmica condiciona desde la construcción de edificios hasta la educación desde edades muy tempranas.
La exposición al riesgo no es una cuestión abstracta. Es una realidad diaria. Vivir implica asumir riesgos, pero también comprenderlos, anticiparlos y, cuando es posible, transferir una parte de ellos mediante el seguro.
La cultura de prevención ante terremotos ha dado un salto enorme
En los últimos cuarenta años, México ha avanzado muchísimo en prevención, protección civil y gestión de catástrofes. Hay una conciencia social muy fuerte sobre cómo actuar ante un sismo, un huracán o una inundación.
Desde el colegio, niños y niñas aprenden qué hacer ante una emergencia. Los simulacros forman parte de la vida educativa y laboral. La población sabe dónde ubicarse, cómo evacuar, a quién llamar y cómo activar los protocolos de continuidad.
Un ejemplo muy simbólico es el 19 de septiembre. México sufrió dos terremotos muy graves en esa misma fecha, uno en 1985 y otro en 2017. Por ello, cada año se organizan simulacros nacionales que movilizan a instituciones, empresas, centros educativos y ciudadanos.
La disciplina que se observa durante esos ejercicios no surge de la casualidad. Surge de una experiencia acumulada durante décadas. Como dice un refrán muy mexicano: la burra no era arisca, los palos la hicieron.
Es duro, pero es real. Los golpes de la naturaleza han obligado a construir una cultura de prevención más sólida.
Terremotos oscilatorios y trepidatorios
En el ámbito sísmico, México ha desarrollado una gran especialización técnica. Los profesionales del riesgo y los actuarios conocen bien la diferencia entre movimientos sísmicos con efectos distintos:
- Sismos oscilatorios: son movimientos horizontales que desplazan las estructuras de un lado a otro.
- Sismos trepidatorios: son movimientos verticales, mucho más agresivos para cimentaciones y estructuras, porque hacen que el terreno parezca saltar.
Los sismos trepidatorios pueden provocar daños especialmente severos porque afectan directamente a los cimientos y a la estabilidad de las edificaciones. Cuando una estructura no está preparada, el riesgo de colapso aumenta de manera notable.
En las zonas del Pacífico, desde Baja California y descendiendo por áreas como Acapulco, Oaxaca y Chiapas, la actividad sísmica es parte de la realidad geológica. Cada año se registran miles de movimientos, aunque la gran mayoría no son perceptibles.
Las placas tectónicas hacen lo suyo. Y, ante esa realidad, el trabajo técnico consiste en afinar el lápiz: medir mejor, modelizar mejor y anticipar mejor.
Para profundizar en prevención sísmica y otros riesgos naturales, resulta útil consultar los recursos del Centro Nacional de Prevención de Desastres de México.
Huracanes, inundaciones y la realidad de la temporada ciclónica
Si los terremotos forman parte de la identidad de muchas regiones mexicanas, los huracanes no se quedan atrás. Entre mayo y noviembre, la temporada ciclónica obliga a estar especialmente atentos a las costas y a las grandes ciudades.
Cuando llegan lluvias intensas y vientos fuertes, aparecen inundaciones, caída de árboles, daños en viviendas, interrupciones de servicios y problemas de movilidad. No es una hipótesis lejana, es algo que se repite con frecuencia.
Acapulco, por ejemplo, ha sufrido episodios durísimos. Vivir directamente un huracán de categoría cinco es una experiencia terrorífica. Es el tipo de situación que hace comprender, de forma muy inmediata, la importancia de la prevención, los protocolos de emergencia y la protección aseguradora.
La gestión de catástrofes exige una combinación de tres elementos:
- Educación: saber cómo actuar antes, durante y después de una emergencia.
- Prevención: reducir la vulnerabilidad de personas, edificios e infraestructuras.
- Previsión financiera: contar con recursos y coberturas que permitan recuperarse tras un siniestro.
La prevención salva vidas. El seguro ayuda a recuperar patrimonio, continuidad y estabilidad económica cuando el daño ya se ha producido.
El gran reto pendiente: dejar de vivir solo para hoy
México ha avanzado mucho en prevención física ante catástrofes, pero todavía queda camino por recorrer en cultura financiera y aseguradora. Y este no es un reto exclusivamente mexicano. Es un problema muy extendido en toda nuestra región.
El gran freno tiene un nombre: cortoplacismo.
La naturaleza humana tiende a vivir el momento. Y en un mundo donde la tecnología entrega respuestas instantáneas, todo parece tener que resolverse hoy, ahora, en cuestión de segundos.
Sin embargo, los riesgos importantes no se comportan así. Un terremoto grave puede repetirse a lo largo de una vida. Una enfermedad, una pérdida patrimonial, una incapacidad, una jubilación insuficiente o un problema familiar pueden llegar dentro de uno, cinco, diez o veinte años.
Quienes trabajan en riesgos y seguros están acostumbrados a proyectar escenarios a diez, quince o veinte años. Mucha gente, en cambio, planifica los próximos diez o quince segundos. Ahí está el choque.
La educación financiera consiste, en buena medida, en hacer una pregunta sencilla: ¿cómo quiero estar cuando ocurra algo que hoy no estoy esperando?
No se trata de vivir con miedo. Se trata de vivir con mayor serenidad, sabiendo que existen decisiones que pueden tomarse antes de que sea demasiado tarde.
Por qué el seguro sigue pareciendo complicado
El seguro tiene un problema de percepción. Muchas personas lo ven como un producto técnico, lleno de condiciones, letras pequeñas, cálculos y promesas que tal vez no se cumplirán.
Pero esa imagen no ayuda a entender lo esencial. El seguro es una herramienta para acompañar a las personas cuando un riesgo se materializa y sus consecuencias económicas podrían ser difíciles de asumir individualmente.
Detrás de una póliza hay matemática, actuaría, regulación, modelos de riesgo, reaseguro, proveedores, ajustadores, asesores, profesionales sanitarios y una larguísima cadena de personas. Es un universo enorme.
El problema aparece cuando explicamos ese universo solo con fórmulas y lenguaje técnico. La parte técnica es necesaria, por supuesto, pero para conectar con la sociedad hay que ponerse a ras de suelo.
Hay que hablar de personas, hogares, proyectos, imprevistos, pérdidas y recuperación.
La educación financiera no debería consistir en complicar lo sencillo. Debería consistir en hacer comprensible lo importante.
El Museo del Seguro: una idea loca, necesaria y muy humana
De esa necesidad de traducir el lenguaje asegurador nació una iniciativa verdaderamente singular: el Museo del Seguro en México.
La idea surgió a partir de una reflexión muy clara. La matemática de los seguros puede ser compleja, profunda y sofisticada, pero el riesgo forma parte de la vida de cualquier persona, tenga tres años o tenga ochenta.
Por eso hacía falta un lugar amigable. Un espacio donde alguien pudiera entender qué es el riesgo, para qué sirve el seguro y por qué la prevención no es un asunto reservado a expertos.
El objetivo no era crear una exposición fría llena de tecnicismos. Era construir una experiencia capaz de desmontar mitos:
- Que el seguro solo sirve para cobrar una cantidad de dinero.
- Que las aseguradoras buscan no pagar.
- Que todo depende de una letra pequeña incomprensible.
- Que el seguro es un asunto exclusivo de grandes empresas o especialistas.
La realidad es mucho más amplia. El seguro afecta a familias, profesionales, comercios, empresas, empleados, proveedores y comunidades enteras.
La museografía también es un arte
Crear un museo exige algo más que reunir contenidos. Exige museografía, creatividad, narrativa visual y la capacidad de convertir conceptos complejos en experiencias memorables.
El conocimiento técnico del seguro y la educación financiera pueden estar muy trabajados, pero construir una exposición atractiva requiere otro tipo de magia. Ahí entra el trabajo de profesionales de la museografía, capaces de diseñar espacios, personajes, preguntas y recorridos que hacen que una persona llegue a una conclusión muy poderosa: ahora entiendo por qué hacen falta los seguros.
El museo está pensado para todo tipo de público. Para niños, familias, estudiantes, profesionales y también para quienes ya trabajan dentro del sector asegurador.
Esto último es importante. A veces, quienes pertenecemos a un sector pasamos tanto tiempo dentro de nuestras cuatro paredes profesionales que dejamos de ver la magnitud real de lo que hacemos. Un museo ayuda a recuperar perspectiva.
Elegir qué contar también fue un riesgo
El mundo del seguro no tiene fin. Hay seguros de vida, salud, autos, vivienda, responsabilidad civil, empresas, transporte, catástrofes, pensiones y muchos otros ámbitos. Además, alrededor de la actividad aseguradora existe una red gigantesca de profesionales y servicios.
Por eso, una de las decisiones más difíciles al crear el museo fue determinar hasta dónde llegar.
Había que seleccionar los mensajes esenciales, los conceptos verdaderamente centrales y aquello que podía transformar la forma en que una persona entiende el riesgo. Un museo no puede contenerlo todo, pero sí puede dejar una idea que acompañe a quien lo visita.
Ese es el objetivo: que el seguro deje de parecer lejano y se convierta en algo reconocible, cotidiano y útil.
La iniciativa es además una entidad social sin ánimo de lucro. No se plantea como un negocio, sino como un proyecto vocacional que busca sostenerse y crecer para llevar educación aseguradora a más personas.
Un Museo del Seguro para el mundo hispanohablante
El proyecto no termina en México. La ambición es grande y, por qué no decirlo, bastante quijotesca: crear sucursales del Museo del Seguro en distintos lugares de habla hispana.
La idea tiene todo el sentido. España y Latinoamérica comparten idioma, vínculos históricos, actividad empresarial y muchos desafíos similares relacionados con la cultura financiera, la previsión y la protección ante riesgos.
Hay una enorme oportunidad para acercar el seguro a la sociedad con un lenguaje más humano, más visual y más cercano. No hace falta convertir a todo el mundo en actuario. Hace falta ayudar a que las personas tomen mejores decisiones.
También existen iniciativas culturales valiosas vinculadas a la historia del seguro, como las propuestas de la Fundación MAPFRE, que contribuyen a acercar este sector a la sociedad desde una perspectiva histórica y educativa.
La anécdota que resume toda una misión
Una de las mejores formas de medir el impacto de un museo es escuchar las preguntas que surgen dentro de él.
Una niña propuso inventar un seguro para cuando suspende en el colegio. La ocurrencia es maravillosa, aunque encontrar quién quiera asegurar ese riesgo ya sería otro asunto.
Pero esa pregunta tiene algo muy valioso. Demuestra curiosidad. Demuestra que el seguro ha dejado de ser una palabra técnica y distante para convertirse en una idea que alguien puede relacionar con su propia vida.
Y esa es la gran misión de la educación financiera: no dar sermones, no asustar, no imponer fórmulas. Consiste en despertar preguntas y enseñar a mirar el futuro con un poco más de conciencia.
Riesgo, prevención y futuro: una conversación que no puede esperar
México tiene una enorme capacidad técnica en la medición y gestión de catástrofes. Sus actuarios, aseguradoras y especialistas han aprendido mucho de una realidad compleja, marcada por terremotos, huracanes y otros fenómenos naturales.
La sociedad ha desarrollado una cultura de respuesta admirable ante emergencias. Pero todavía queda el siguiente paso: convertir la reacción ante el riesgo en previsión financiera sostenida.
Prepararse para un sismo es imprescindible. Prepararse para los efectos económicos de un siniestro también lo es.
El seguro no elimina los riesgos. Nadie puede prometer eso. Lo que hace es evitar que un acontecimiento difícil arrase, además, con el patrimonio, la tranquilidad y la capacidad de seguir adelante.
En una región donde el presente suele imponerse al futuro, apostar por educación financiera es una forma muy concreta de construir seguridad. Y si para lograrlo hacen falta museos, conversaciones, simulacros y algunas ideas aparentemente locas, benditas sean las locuras.
Preguntas frecuentes sobre riesgo, seguros y prevención en México
¿Por qué México tiene una exposición tan alta a catástrofes naturales?
Su extensión geográfica, sus costas en el Pacífico, Atlántico y Caribe, y su actividad tectónica exponen al país a sismos, huracanes, inundaciones y vientos intensos.
¿Qué diferencia hay entre un sismo oscilatorio y uno trepidatorio?
Un sismo oscilatorio mueve las estructuras horizontalmente, mientras que uno trepidatorio genera movimientos verticales que pueden ser especialmente dañinos para cimientos y edificios.
¿Cuál es el principal reto de la educación financiera?
El principal reto es superar el cortoplacismo y ayudar a las personas a planificar riesgos y necesidades que pueden aparecer a medio y largo plazo.
¿Para qué sirve un Museo del Seguro?
Sirve para acercar conceptos como riesgo, prevención y protección aseguradora a personas de todas las edades mediante una experiencia educativa, visual e interactiva.
Más información en: AREAXXI.com
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