Patrocinador
Esta publicación no tiene patrocinador
¿Quieres ser tú?
Contacta con nosotros
Mas Noticias
Financieras
México
LATAM
¿Qué es el súper niño (fenómeno natural)?
Las mejores soluciones de seguridad para protegerse contra ciberataques: guía completa para blindar tu empresa
¿Cuáles son los 3 sectores más atacados por ciberataques? Descubre los blancos favoritos de los hackers
Tipos de ciberataques: guía completa para identificar y protegerte de las amenazas digitales
Calendario 2026: explora los días festivos y de descanso obligatorio en México | Guía Completa
Experiencia, liderazgo y talento senior en el sector asegurador
En el programa en Café con Riesgo (Capital Radio) de este pasado jueves dirigido y presentado por Santiago Romera (Socio-Director de AREA XXI), entrevistamos a Enrique Ruiz Matin, actuario y profesional con una amplia trayectoria en consultoría, banca-seguros, reaseguro y mediación especializada, que analiza el valor del talento senior en la transformación del sector asegurador
Durante la entrevista, Enrique Ruiz Martín destacó la necesidad de preservar y activar el conocimiento acumulado por los profesionales senior en un contexto en el que conviven hasta cinco generaciones dentro de las organizaciones. Subrayó que la experiencia debe convertirse en una palanca de transferencia de conocimiento, rigor técnico y visión estratégica.
La entrevista repasó también la evolución del seguro desde distintos ángulos: la consultoría actuarial, el desarrollo de banca-seguros, la función del reaseguro como protección del balance de las entidades y el papel de la correduría especializada en RC sanitaria como servicio de acompañamiento al profesional médico.
Asimismo, se puso en valor la labor de APSS, asociación orientada a combatir el edadismo, fomentar la capacitación continua y facilitar la continuidad profesional del talento senior en el seguro.
Enlace al podcast: Capital Radio
Hay momentos en los que merece la pena parar y mirar el riesgo con un poco de perspectiva. No solo desde el dato técnico o la cuenta de resultados, sino desde lo que está cambiando en las empresas, en la sociedad y en las carreras profesionales. Y ahora mismo hay un cambio muy claro sobre la mesa: convivimos con cinco generaciones al mismo tiempo y eso obliga a repensar cómo entendemos el talento, el liderazgo y la experiencia.
En el sector asegurador esto se ve con especial claridad. El seguro lleva décadas siendo una fuente de conocimiento exportable a muchos otros sectores, entre otras cosas porque asegura casi todo. Por eso, cuando en seguros se habla de transformación, distribución, protección, longevidad o relevo generacional, en realidad se está anticipando una conversación mucho más amplia.
Una de las mejores formas de entenderlo es recorrer una trayectoria profesional completa. Una carrera que ha pasado por compañía, consultoría, bancaseguros, reaseguro, mediación especializada y, además, por el impulso del talento silver a través de la Asociación de Profesionales Senior del Sector de Seguros, APSS.
Una carrera construida desde la curiosidad
Hay perfiles que ayudan a entender una profesión entera porque han trabajado en casi todos sus ángulos. Empezar en aseguradora, pasar a consultoría, dirigir una entidad de bancaseguros, liderar una reaseguradora y terminar aportando valor en una correduría especializada da una visión muy poco común del negocio.
Y hay una idea que atraviesa todo ese recorrido: la curiosidad. No la curiosidad como rasgo simpático, sino como herramienta profesional. La que lleva a cambiar de entorno para aprender más, a estudiar nuevos modelos, a importar metodologías de otros mercados y a seguir formándose incluso cuando ya se tiene una carrera hecha.
Esa actitud es especialmente valiosa en seguros, un sector que cambia más de lo que a veces parece. Cambian los riesgos, cambian los canales, cambian las exigencias regulatorias, cambia la tecnología y cambia también el tipo de cliente al que se presta servicio.
Por qué la consultoría es una gran escuela al principio
Para quien está empezando, trabajar en consultoría puede ser una escuela formidable. La razón es sencilla: obliga a salir de una sola realidad empresarial y a comparar enfoques, prácticas y problemas de múltiples entidades.
Eso amplía la mirada desde muy pronto. En lugar de aprender cómo funciona una única compañía, se aprende cómo funciona un sector.
Además, durante aquellos años en los que el mercado español aún estaba absorbiendo muchas prácticas internacionales, la consultoría permitió introducir técnicas de valoración y modelización que en mercados anglosajones estaban más maduras. Se trabajaba con herramientas como el embedded value y otros enfoques actuariales avanzados que no estaban todavía generalizados en España.
Ese contacto temprano con metodologías nuevas deja una lección importante: el conocimiento técnico no es estático. Lo que hoy parece sofisticado mañana será estándar. Y quien quiera seguir siendo relevante tiene que acostumbrarse a aprender antes de que sea imprescindible.
La etapa de bancaseguros y el valor social del seguro
El paso al bancaseguros fue otro aprendizaje decisivo. A mediados de los años 2000 este canal ya tenía un desarrollo importante, pero todavía había mucho por hacer en la integración real del seguro dentro de la venta financiera.
Hoy se habla mucho de seguros embebidos, pero la idea de fondo ya estaba ahí: cómo incorporar de manera sencilla, natural y ágil un producto asegurador en procesos como la contratación de una hipoteca o de un préstamo personal.
Ese trabajo no era solo comercial. También permitía ver con mucha claridad el propósito social del seguro.
Pensemos en una situación delicada. Fallece el titular de una cuenta o de un préstamo y el cónyuge acude a la oficina en pleno proceso de duelo. En ese momento, poder decirle que la hipoteca ya está cubierta y que no tendrá que preocuparse por esa carga cambia por completo la dimensión de lo que significa un seguro de vida.
Ahí se entiende algo fundamental: el seguro no es solo un producto financiero, es protección. Y en determinados momentos esa protección tiene un impacto humano enorme.
También conviene reconocer algo que a veces se olvida. Aunque la banca es criticable en muchos aspectos, ha contribuido a popularizar ciertos productos aseguradores que de otro modo habrían tenido mucha más dificultad para llegar a una parte amplia de la población. Especialmente en seguros personales y de vida, el canal bancario ha tenido un papel relevante.
El reaseguro: la protección del protector
Después del bancaseguros llega otra transición interesante: el reaseguro. Cambia el interlocutor, cambia la lógica comercial y cambia el punto desde el que se entiende la protección, pero la esencia sigue ahí.
Si el seguro directo protege a personas y empresas, el reaseguro protege a las aseguradoras. Lo que hace es ayudar a resguardar su balance y su cuenta de resultados. Es, por decirlo de forma simple, la capa que da estabilidad al sistema cuando los riesgos se concentran o se vuelven demasiado grandes para soportarlos en solitario.
Ver el negocio desde ese lado de la mesa permite comprender mucho mejor la arquitectura completa del seguro. Ya no se trata solo de diseñar coberturas o distribuir pólizas. Se trata de entender cómo se sostiene financieramente una entidad aseguradora y cómo se gestiona el riesgo a un nivel más estructural.
Esa perspectiva es especialmente valiosa para cualquier directivo del sector, porque enseña que la protección tiene varios niveles:
- Protección del cliente particular o empresa.
- Protección de la aseguradora que asume el riesgo.
- Protección del equilibrio técnico y financiero del sistema.
La mediación especializada y el cliente de verdad en el centro
Hablar de poner al cliente en el centro se ha convertido casi en un eslogan de manual. El problema es que muchas veces se repite más de lo que se practica.
Por eso resulta tan interesante la experiencia en una correduría especializada como Uniteco, enfocada en el ámbito sanitario. Ahí esa idea se aterriza de forma mucho más real. No desde una presentación bonita, sino desde productos complejos, necesidades muy concretas y un acompañamiento constante.
Cuando se trabaja con responsabilidad civil sanitaria, no se está vendiendo una póliza cualquiera. Se está entrando en un terreno de enorme sensibilidad profesional, jurídica y personal.
La clave no está solo en la indemnización final. De hecho, muchas veces lo más valioso ocurre mucho antes de que exista, o no, una condena. Lo importante es el acompañamiento durante todo el proceso.
En este tipo de seguros puede haber tres frentes implicados al mismo tiempo:
- El profesional sanitario.
- La institución o centro hospitalario.
- La aseguradora.
Cuando surge una reclamación, el desgaste emocional y profesional puede ser enorme. Por eso el valor del seguro aquí no se limita a compensar económicamente un daño. También consiste en respaldar, orientar y sostener al profesional durante un momento muy difícil.
Cuidar del que nos cuida
Hay una idea que resume muy bien este enfoque: cuidar del que nos cuida. En el caso del personal sanitario, eso significa reconocer que su trabajo está sometido a una presión extraordinaria y que el riesgo que asumen no se parece al de la mayoría de profesiones.
Un error en muchos trabajos puede tener consecuencias económicas, operativas o reputacionales. Un error médico puede afectar directamente a la salud o a la vida de una persona. Ese nivel de responsabilidad cambia todo.
Por eso las coberturas evolucionan. Lo que hace quince años quizá no se consideraba necesario, hoy sí lo es. Por ejemplo:
- Defensa frente a agresiones, una realidad lamentable que ha ganado peso en el entorno sanitario.
- Acompañamiento psicológico o psiquiátrico, especialmente importante en contextos de alta presión como los vividos durante la pandemia.
- Servicios de soporte integral durante reclamaciones complejas.
Este es un buen ejemplo de cómo el seguro se adapta a los riesgos reales y no solo a categorías tradicionales. Si el entorno cambia, la protección también debe cambiar.
Aprender incluso cuando ya no “toca” aprender
Hay algo especialmente revelador en ciertas trayectorias profesionales: no se conforman con la experiencia acumulada. Siguen buscando terrenos nuevos.
Eso explica decisiones que, vistas desde fuera, pueden parecer poco habituales, como cursar un máster en Big Data enfocado al deporte y al fútbol en una etapa avanzada de carrera. Puede que ese conocimiento no acabe convirtiéndose en una ocupación principal, pero sí amplía la mente, renueva el lenguaje profesional y obliga a entrar en contacto con generaciones y formas de trabajar distintas.
Incluso pasar un tiempo como becario después de haber ocupado puestos de máxima responsabilidad tiene algo muy poderoso. Es un ejercicio de humildad, de desaprender estatus y de reconectar con el proceso puro de aprender otra vez desde abajo.
No siempre sale perfecto. A veces uno descubre que aporta menos de lo que esperaba en ese nuevo entorno. Pero incluso así la experiencia tiene valor. Porque enseña algo esencial: reinventarse no consiste en fingir que se empieza de cero, sino en aceptar con honestidad lo que uno sabe y lo que todavía no sabe.
Qué consejo dar a quien empieza en seguros
Para quienes se incorporan al sector, hay un mensaje que merece repetirse: esto es una carrera de largo plazo.
No se trata de correr mucho al principio, sino de construir una reputación sólida con el tiempo. Y esa reputación descansa sobre dos pilares que no fallan:
- Rigor en el trabajo.
- Credibilidad personal.
La marca personal no se improvisa. Se construye a lo largo de años haciendo bien las cosas, siendo fiable y generando confianza. Y también puede destruirse muy rápido si se pierde el rigor o se falta a la verdad.
Por eso, para alguien joven que entra en seguros, la recomendación más útil probablemente sea esta:
- Aprende mucho.
- Trabaja con seriedad.
- Cumple lo que prometes.
- No sacrifiques credibilidad por prisa.
En un sector como este, la confianza pesa tanto como el conocimiento técnico.
Qué consejo dar al profesional senior
Al otro lado de la carrera aparece otra pregunta igual de importante: ¿qué hacer cuando ya tienes una trayectoria larga detrás?
La respuesta no pasa por competir en lo mismo que alguien con diez o quince años menos de experiencia. A esas alturas, la cuestión central es otra: cómo seguir siendo relevante.
Esa pregunta obliga a una reflexión honesta. Por ejemplo:
- ¿Qué puedo aportar yo hoy que no aporta todavía alguien más joven?
- ¿Dónde está el valor diferencial de mi experiencia?
- ¿Qué tipo de criterio, perspectiva o capacidad de síntesis he ganado con los años?
- ¿Cómo actualizo mis conocimientos para que la experiencia no se convierta en lastre?
Un profesional de 40 años ya tiene mucha experiencia. Por eso el senior no puede apoyarse solo en “llevo más tiempo”. Tiene que identificar qué hace con esa experiencia. Ahí es donde aparecen activos que no siempre son fáciles de medir, pero sí muy reales: criterio, calma, lectura de contexto, capacidad de anticipación, red relacional, memoria sectorial y juicio en momentos complejos.
La experiencia no vale por acumulación. Vale cuando se convierte en una forma superior de aportar.
Cinco generaciones conviviendo en la empresa
Uno de los grandes desafíos actuales es la convivencia generacional. No es una cuestión cosmética. Es estructural.
Las empresas tienen cada vez más profesionales mayores de 45 años, y esa proporción seguirá creciendo por pura evolución demográfica. No es una opinión, es una consecuencia de la longevidad y de la pirámide poblacional.
Eso significa que la convivencia entre personas de 25 y de 60 años no es un caso puntual. Es la nueva normalidad.
Y para que funcione hacen falta dos cosas:
- Transferencia de conocimiento entre generaciones.
- Reconocimiento mutuo del valor que aporta cada una.
Antes el aprendizaje tenía una dirección más vertical. Se aprendía de padres a hijos, de mayores a jóvenes. Hoy el intercambio es más complejo y más rico. Los senior pueden aportar experiencia, contexto y criterio. Los más jóvenes pueden aportar nuevas herramientas, nuevas sensibilidades y otras formas de entender la tecnología, la colaboración y el trabajo.
El error está en enfrentar generaciones cuando lo inteligente es conectarlas.
APSS y la defensa del talento silver
En ese contexto cobra sentido una organización como la Asociación de Profesionales Senior del Sector de Seguros, APSS. Surge de una necesidad muy clara: evitar que el conocimiento y la experiencia se pierdan o se desprecien justo cuando más podrían aportar.
Muchas veces, por razones económicas o por inercias empresariales, quienes primero salen de las compañías son precisamente los perfiles con más experiencia. Y ahí aparece un riesgo doble:
- El riesgo personal de quien atraviesa una transición profesional no deseada.
- El riesgo empresarial y social de desperdiciar talento valioso.
APSS nace para acompañar ese momento y para poner en valor el talento senior. No se dirige a quien decide retirarse libremente y pasar a otra etapa vital, sino a quienes quieren seguir aportando y necesitan apoyo para hacerlo.
Las tres C
La asociación trabaja alrededor de tres ideas clave:
- Competencia.
- Capacitación.
- Concienciación.
La concienciación es especialmente importante porque pone el foco sobre el edadismo, un problema que sigue muy presente aunque a veces se disfrace de decisiones organizativas neutrales.
Defender el talento senior no significa negar la importancia de la renovación. Significa evitar una simplificación dañina: pensar que la edad resta automáticamente valor. En muchos casos ocurre justo lo contrario.
La soledad de la transición profesional
Hay una dimensión de todo esto de la que se habla poco y, sin embargo, pesa muchísimo: la soledad.
Cuando una persona sale de una organización o atraviesa una transición profesional en la última etapa de su carrera, no solo pierde una posición o una rutina. A veces pierde red, conversación, reconocimiento y estructura cotidiana.
Ese vacío se nota en detalles muy simples. De repente ya no llegan correos, llamadas o peticiones. Y ese silencio, que desde fuera puede parecer menor, por dentro puede resultar muy duro.
Por eso es tan importante contar con una comunidad de personas que entiendan ese proceso, que lo hayan vivido y que puedan orientar. No solo para recolocarse en el mercado, que también, sino para atravesar bien el cambio.
Porque sí, hay reubicación posible. Y no se trata únicamente de buscar trabajo fuera de una empresa. A veces la clave está dentro de la propia organización, encontrando nuevas maneras de seguir siendo útil y valioso.
El seguro como escuela de futuro
Si algo deja claro una trayectoria así es que el seguro sigue siendo una extraordinaria escuela de negocio y de vida profesional. Obliga a pensar en el largo plazo, a medir incertidumbre, a proteger personas, a sostener empresas y a tomar decisiones con rigor.
También enseña algo muy actual: que la transformación no depende solo de la tecnología. Depende de las personas. De su curiosidad, de su capacidad de reinventarse, de su voluntad de aprender y de su disposición a colaborar entre generaciones.
En un momento de cambio acelerado, el talento senior no es un residuo del pasado. Puede ser una de las piezas más útiles para construir el futuro, siempre que sepamos reconocerlo, activarlo y conectarlo con lo nuevo.
Y esa quizá sea la mejor conclusión de todas: la experiencia no compite con la transformación. La hace más inteligente.
Más información en: AREA XXI
En el programa en Café con Riesgo (Capital Radio) de este jueves dirigido y presentado por Santiago (Socio-Director de AREA XXI, entrevistamos a Luis Garvía,...
En “Café con Riesgo” entrevistamos a Elena Yndurain, experta en tecnología y profesora en IE University, que nos introduce en un tema tan apasionante y actual como es...
La suscripción de riesgos representa uno de los procesos fundamentales en la industria aseguradora. Consiste en la evaluación detallada de los factores de riesgo...
