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Mutualidad, actuaría y liderazgo: cómo construir protección financiera para las personas

Ago 3, 2026 | AREA XXI, España, Financieras

Fernando Ariza reivindica el modelo mutual y el papel preventivo de la inteligencia artificial en el seguro

Fernando Ariza, CEO de Mutualidad y presidente del Instituto de Actuarios Españoles, ha analizado en “Café con Riesgo”  entrevistado por Santiago Romera, socio-director de AREA XXI, los principales desafíos de la previsión social, la gestión aseguradora y la profesión actuarial.

Ante la futura regulación de la pasarela al Régimen Especial de Trabajadores Autónomos, Ariza defendió la libertad de elección del mutualista y recordó que cada persona dispone de una provisión matemática individualizada. La entidad gestiona alrededor de 11.500 millones de euros de ahorro y cuenta con unos 700 millones de patrimonio propio no comprometido, elemento clave para reforzar su solvencia.

Ariza destacó que aproximadamente el 70% de la actividad ya corresponde al ahorro complementario y voluntario. También puso en valor el modelo mutual, sin accionistas, que permite trasladar los resultados al mutualista mediante rentabilidad, menores costes, mejores prestaciones y acción social. La rentabilidad media de los últimos quince años se sitúa, según indicó, en torno al 4,8%.

Como presidente del Instituto, defendió una profesión actuarial más visible, aspiracional y conectada con la sociedad. Asimismo, señaló que la inteligencia artificial y los modelos predictivos permitirán evolucionar desde la compensación del daño hacia la anticipación de vulnerabilidades financieras, sanitarias o de dependencia, favoreciendo seguros más preventivos, inclusivos y asequibles.

https://www.capitalradio.es/audio/6a6b52155430190055ffff13/144543762

Fernando Ariza reivindica el modelo mutual y el papel preventivo de la inteligencia artificial en el seguro

Fernando Ariza, CEO de Mutualidad y presidente del Instituto de Actuarios Españoles, ha analizado en “Café con Riesgo”  entrevistado por Santiago Romera, socio-director de AREA XXI, los principales desafíos de la previsión social, la gestión aseguradora y la profesión actuarial.

Ante la futura regulación de la pasarela al Régimen Especial de Trabajadores Autónomos, Ariza defendió la libertad de elección del mutualista y recordó que cada persona dispone de una provisión matemática individualizada. La entidad gestiona alrededor de 11.500 millones de euros de ahorro y cuenta con unos 700 millones de patrimonio propio no comprometido, elemento clave para reforzar su solvencia.

Ariza destacó que aproximadamente el 70% de la actividad ya corresponde al ahorro complementario y voluntario. También puso en valor el modelo mutual, sin accionistas, que permite trasladar los resultados al mutualista mediante rentabilidad, menores costes, mejores prestaciones y acción social. La rentabilidad media de los últimos quince años se sitúa, según indicó, en torno al 4,8%.

Como presidente del Instituto, defendió una profesión actuarial más visible, aspiracional y conectada con la sociedad. Asimismo, señaló que la inteligencia artificial y los modelos predictivos permitirán evolucionar desde la compensación del daño hacia la anticipación de vulnerabilidades financieras, sanitarias o de dependencia, favoreciendo seguros más preventivos, inclusivos y asequibles.

La gestión del ahorro, las pensiones, la longevidad y la inteligencia artificial pueden parecer asuntos muy técnicos. Lo son. Pero, en el fondo, todos responden a una pregunta muy sencilla: ¿cómo ayudamos a las personas a vivir con mayor seguridad y tranquilidad?

Ahí está el valor del seguro, del mutualismo y de la profesión actuarial. No se trata solo de calcular probabilidades, cumplir regulación o gestionar balances. Se trata de anticipar riesgos, proteger patrimonio, acompañar etapas vitales y construir organizaciones capaces de devolver valor real a quienes confían en ellas.

El momento de las mutualidades alternativas

El mundo de las mutualidades alternativas está viviendo un momento especialmente relevante. La nueva regulación abre la posibilidad de que determinados mutualistas que ejercen como alternativa al Régimen Especial de Trabajadores Autónomos puedan decidir, si les conviene, trasladarse al régimen general de la Seguridad Social.

La premisa es muy clara: en una mutualidad debe estar quien quiera estar. La libertad de elección es fundamental, y cada persona debe disponer de toda la información necesaria para decidir qué solución encaja mejor con sus circunstancias personales, familiares, patrimoniales y profesionales.

La decisión no es uniforme. Dependerá, entre otras cosas, de las condiciones de transición que se definan, de la cuantía de los derechos acumulados y de la valoración que cada persona haga entre un sistema público de reparto y un sistema individual de capitalización.

En Mutualidad, la actividad alternativa representa aproximadamente el 30% del volumen expuesto a una eventual salida. El resto responde, de forma creciente, a otro modelo: el ahorro voluntario y complementario de profesionales que quieren construir su propio patrimonio de cara al futuro.

Ese negocio voluntario ya supone alrededor del 70% del ahorro gestionado. Y esto demuestra algo importante: el mutualismo no se limita a ser una alternativa. También es una herramienta de ahorro complementario, previsión y protección para personas que quieren planificar con mayor autonomía.

Capitalización individual: lo que cada mutualista tiene es suyo

Uno de los elementos que conviene entender mejor es la diferencia entre un sistema de reparto y un sistema de capitalización individual.

En un sistema de capitalización, cada mutualista tiene asignado su ahorro, sus derechos económicos y el activo asociado a su posición. Dicho de una manera muy sencilla, existe una provisión matemática individualizada: un patrimonio acumulado que se administra para generar prestaciones y rentabilidad a lo largo del tiempo.

Esto tiene implicaciones muy relevantes. Quien decida salir puede cuantificar cuál es su posición acumulada. Quien decida permanecer mantiene un patrimonio individual que continúa gestionándose dentro de una cartera colectiva, diversificada y orientada al medio y largo plazo.

La capitalización individual tiene ventajas y responsabilidades. Por un lado, permite que cada persona conozca y conserve sus derechos acumulados. Por otro, exige pensar en el ahorro de largo plazo, la jubilación, la longevidad y la protección ante contingencias futuras.

Por eso, hablar de pensiones exige prudencia. Es un tema que despierta opiniones muy intensas, porque afecta a la vida de todos. Sin embargo, detrás del debate hay una realidad actuarial: las decisiones de previsión deben considerar la esperanza de vida, las aportaciones realizadas, el tiempo disponible, los rendimientos esperados y las necesidades futuras.

La fortaleza financiera: provisiones, activos y solvencia

Cuando se habla de entidades aseguradoras o mutualidades, es importante distinguir varios conceptos que muchas veces se mezclan.

  • Provisiones: son los recursos acumulados para atender los compromisos con mutualistas y asegurados. No son dinero libre de la entidad, sino ahorro administrado para quienes han confiado en ella.
  • Activos: son las inversiones y recursos con los que se respaldan esas obligaciones y se desarrolla la actividad.
  • Patrimonio propio no comprometido: es una de las grandes garantías de estabilidad y solvencia, porque permite absorber desviaciones y proteger los compromisos asumidos.

Mutualidad gestiona cerca de 11.500 millones de euros en provisiones de ahorro y aproximadamente 1.000 millones adicionales de volumen de activo. A ello se suma un patrimonio propio no comprometido de alrededor de 700 millones de euros.

Ese patrimonio no es un detalle menor. Es una pieza esencial de la solvencia. Gestionar el ahorro de miles de personas exige estabilidad, prudencia y una capacidad real para proteger los compromisos incluso en contextos económicos complejos.

La gestión de riesgos consiste precisamente en eso: no limitarse a buscar rentabilidad cuando todo va bien, sino asegurar que el modelo se mantiene sólido cuando cambian los mercados, caen los tipos de interés, aumenta la volatilidad o aparecen nuevas incertidumbres.

Rentabilidad sostenible: repartir el valor entre los mutualistas

La rentabilidad media de los últimos quince años se ha situado en torno al 4,8%. En el último ejercicio citado, la rentabilidad abonada fue del 4,47%.

Estas cifras cobran especial relevancia si se observan en el contexto en el que se han obtenido. Durante muchos años, los tipos de interés fueron extremadamente bajos e incluso negativos. En algunos de los momentos más difíciles para la renta fija, la deuda pública española llegó a ofrecer rendimientos cercanos a cero.

Aun así, el modelo permitió mantener una retribución sólida. En los peores años de la curva de tipos, Mutualidad llegó a ofrecer alrededor del 3,30%.

La explicación no está en asumir riesgos extraordinarios ni en buscar fórmulas complejas. Se encuentra en la propia lógica mutualista: una cartera de gran tamaño, consolidada, diversificada y gestionada con una visión de medio y largo plazo.

Además, el mutualismo tiene una característica diferencial. El valor generado no se destina a retribuir a un accionista externo. Se devuelve a los propios mutualistas a través de rentabilidad, primas más ajustadas, servicios, protección y acción social.

En una entidad sin accionistas, cada eficiencia cuenta de otra manera. Si se reducen costes, si se logra escala o si se mejora la gestión de inversiones, el beneficio vuelve a quienes forman parte de la mutualidad.

La escala importa en el negocio asegurador

Montar y mantener una entidad aseguradora requiere una estructura mínima muy exigente. Da igual que la compañía sea pequeña: necesita sistemas, control interno, cumplimiento normativo, gestión de riesgos, contabilidad, tecnología, ciberseguridad, inversión, atención al cliente y equipos técnicos especializados.

Por eso la escala tiene un efecto tan relevante. Los costes fijos de una aseguradora no desaparecen por gestionar menos volumen. Sin embargo, cuando una entidad administra miles de millones de euros, esos costes pueden diluirse mejor.

Mutualidad ha pasado de alrededor de 100 empleados en 2018 a unos 250 profesionales. El crecimiento responde a un entorno más competitivo, regulado, tecnológico y profesionalizado. Aun así, gestionar una organización de este tamaño con una plantilla relativamente contenida, frente a grupos de decenas de miles de empleados, refleja un modelo eficiente.

Ser actuario: una profesión con propósito

Muchos actuarios llegan a la profesión casi por casualidad. No es extraño. A menudo, un estudiante termina Economía, Empresa, Matemáticas, Estadística o Ingeniería y descubre que la actuaría reúne una combinación apasionante de disciplinas.

La profesión actuarial conecta matemáticas, probabilidad, estadística, finanzas, contabilidad, regulación, economía, riesgos y gestión empresarial. Es difícil encontrar otra actividad que obligue a entender tantas piezas al mismo tiempo.

Y, sin embargo, todavía es una profesión poco conocida para gran parte de la sociedad. Eso es una pena, porque el papel del actuario es extraordinario: ayuda a que las entidades puedan proteger a las personas frente a riesgos de salud, dependencia, fallecimiento, longevidad, incapacidad, ahorro, pensiones, inversión y sostenibilidad financiera.

Ser actuario no es únicamente resolver ecuaciones. Es usar conocimiento cuantitativo para tomar mejores decisiones humanas y empresariales.

Debería explicarse mucho más en colegios, universidades y espacios de orientación profesional. Cuando se cuenta qué hace realmente un actuario, qué oportunidades ofrece el sector asegurador y cuál es su impacto social, el interés aparece rápidamente.

El seguro como una gran oportunidad profesional

El seguro es uno de los sectores con mayor capacidad de generar empleo estable y cualificado. No solo por las entidades aseguradoras y mutualidades, sino también por toda la red de servicios que las acompaña: inversiones, tecnología, consultoría, salud, hospitales, peritación, asistencia, distribución, regulación, datos y gestión de riesgos.

Hay alrededor de 150.000 profesionales trabajando directamente en el mundo del seguro, sin contar todo el ecosistema de proveedores y colaboradores.

Dentro de ese universo hay espacio para perfiles muy distintos:

  • Actuarios, matemáticos, estadísticos e ingenieros.
  • Economistas, financieros y expertos contables.
  • Especialistas en inversión y gestión de activos.
  • Profesionales de datos, inteligencia artificial y ciberseguridad.
  • Juristas y expertos en regulación y cumplimiento.
  • Perfiles de negocio, marketing, atención al cliente y transformación digital.
  • Profesionales vinculados a salud, dependencia y acción social.

Es un sector que tiene algo especialmente valioso: combina rigor técnico con una misión social evidente. Cuando funciona bien, permite que las personas puedan afrontar momentos difíciles con mayor seguridad.

Solvencia y longevidad: anticiparse a los grandes riesgos

La solvencia y la longevidad se han convertido en dos de los grandes temas del sector asegurador y de pensiones.

La solvencia tiene que ver con la capacidad de una entidad para cumplir sus compromisos. Es el colchón que permite responder ante escenarios adversos, desviaciones de mercado, cambios demográficos o eventos inesperados.

La longevidad, por su parte, plantea una gran noticia y un gran reto. Vivimos más años, y eso es un éxito social. Pero también implica que necesitamos recursos suficientes para financiar una jubilación más larga, una posible dependencia y mayores necesidades de atención y salud.

Gestionar la longevidad exige pensar a décadas vista. Ahí la ciencia actuarial resulta esencial, porque permite modelizar escenarios, evaluar riesgos y diseñar productos que respondan a la realidad demográfica.

El gran aprendizaje es que la previsión no puede improvisarse. Cuanto antes se planifique, mayor margen existe para ahorrar, diversificar y tomar decisiones informadas.

Liderazgo humanista: ser importante está bien, ser agradable es mejor

El liderazgo en una organización financiera no consiste en aislarse en un despacho ni en rodearse de símbolos de poder. Se puede dirigir una gran entidad desde la cercanía, la exigencia, la humildad y el respeto.

Una idea resume muy bien ese enfoque: es agradable ser importante, pero es mucho más importante ser agradable.

El liderazgo humanista no significa renunciar a la ambición, al rigor ni a la exigencia. Al contrario. Significa crear organizaciones donde las personas sepan hacia dónde van, entiendan el propósito de su trabajo y tengan espacio para desarrollarse.

Los grandes mentores suelen dejar una huella muy concreta. Enseñan a mirar más allá de la tarea inmediata, a conectar disciplinas, a trabajar con rigor y a no perder nunca de vista que detrás de cada cifra hay personas.

En el ámbito directivo, conviene evitar un error habitual: perderse en la complejidad regulatoria y olvidar la estrategia. La regulación es imprescindible, especialmente en un sector tan sensible como el asegurador. Pero un directivo debe mantener claro el destino: qué se quiere construir, qué necesidades se quieren resolver y cómo se alinea al equipo para conseguirlo.

Dirigir una entidad y presidir una institución profesional

Liderar una mutualidad y presidir una institución como el Instituto de Actuarios Españoles son responsabilidades distintas, aunque con muchas sinergias.

Desde una entidad profesional se puede contribuir a la evolución de la ciencia actuarial, participar en debates regulatorios, impulsar investigación y ayudar a que la sociedad comprenda mejor riesgos que afectan a todos.

El trabajo institucional no se mide solo en una remuneración económica. Tiene una recompensa emocional, profesional y social muy potente. Participar en grupos de trabajo sobre cambio climático, envejecimiento, salud o pensiones significa ayudar a construir conocimiento que puede inspirar políticas públicas, productos más inclusivos y soluciones de protección más accesibles.

También genera orgullo de profesión. Construir estándares, compartir conocimiento y acompañar a nuevas generaciones fortalece a toda la comunidad actuarial.

La visión española del actuario: matemáticas, finanzas y empresa

Una de las fortalezas tradicionales del actuario formado en España es su combinación de capacidades cuantitativas, financieras, contables y empresariales.

Hoy llegan a la profesión perfiles muy valiosos procedentes de Matemáticas, Estadística, Ingeniería y otras disciplinas cuantitativas. Son una incorporación necesaria y bienvenida. Pero el actuario con formación económica y empresarial aporta además una visión muy útil sobre cómo se conectan las variables técnicas con el balance de una compañía.

Entender el impacto de una decisión sobre pérdidas y ganancias, solvencia, activos, pasivos, reservas, capital y estrategia permite tener una mirada más completa.

Al final, la actuaría obliga a conectar mundos muy distintos. Se empieza pensando en matemáticas y estadística, se entra en finanzas y contabilidad, y muchas veces se termina entendiendo regulación, derecho y gobernanza. Esa visión holística es una de las grandes aportaciones de la profesión.

Inteligencia artificial: del cálculo de riesgos a la prevención

Las nuevas generaciones de actuarios llegan con inteligencia artificial, programación avanzada, modelos predictivos y redes neuronales bajo el brazo. Y eso está transformando profundamente el sector.

Tradicionalmente, el seguro ha protegido frente a consecuencias de hechos inciertos. La inteligencia artificial permite avanzar hacia algo todavía más potente: anticiparse a la vulnerabilidad antes de que ocurra el problema.

Los modelos predictivos pueden ayudar a identificar patrones relacionados con riesgos financieros, salud, dependencia y otras situaciones de fragilidad. No se trata de adivinar el futuro ni de jugar a ser gurús. Se trata de utilizar datos y modelos sólidos para detectar señales, comprender mejor los riesgos y actuar con mayor anticipación.

Ese es uno de los grandes horizontes del seguro: pasar de indemnizar después de un evento a prevenir, acompañar y reducir la probabilidad o el impacto de ese evento.

Si se aplica con responsabilidad, supervisión y sentido ético, la inteligencia artificial puede hacer que el seguro sea más personalizado, más inclusivo y más útil para las personas.

Gestionar cinco generaciones en la misma organización

La convivencia generacional es uno de los mayores retos de liderazgo y recursos humanos. En muchas empresas conviven profesionales con trayectorias, expectativas y formas de trabajar muy diferentes.

Hay generaciones veteranas con una experiencia inmensa, profesionales intermedios que sostienen gran parte de la organización, personas que comienzan a asumir posiciones de responsabilidad y jóvenes que aportan nuevas capacidades digitales y nuevas formas de entender el trabajo.

El reto no consiste en elegir entre experiencia o innovación. Consiste en unir ambas.

La mitad de los trabajadores en España tiene más de 45 años. Esto obliga a las empresas a tratar el envejecimiento también como un riesgo empresarial y una oportunidad de gestión de talento.

Las políticas de personas no pueden limitarse a beneficios diseñados para un único perfil. Deben acompañar las distintas etapas de vida: incorporación al empleo, formación, conciliación, cuidados, desarrollo profesional, salud, adaptación de capacidades y transición hacia la jubilación.

Gestionar bien la diversidad generacional implica respeto mutuo. Los profesionales más jóvenes aportan nuevas herramientas y miradas. Los más veteranos aportan conocimiento, criterio y experiencia en contextos difíciles. Una organización inteligente crea espacios para que ambos aprendizajes circulen.

Sostenibilidad, mutualismo y gobernanza

La sostenibilidad no consiste únicamente en plantar árboles o en incluir referencias ambientales en una memoria corporativa. Es una forma de gestionar mejor las decisiones de largo plazo.

El enfoque ESG reúne tres dimensiones:

  • Medioambiental: integrar riesgos climáticos, inversiones sostenibles y una gestión responsable de los recursos.
  • Social: proteger a las personas, fomentar la inclusión, hacer accesible el seguro y generar impacto positivo en la comunidad.
  • Gobernanza: tomar decisiones con rigor, transparencia, control y responsabilidad.

En este sentido, pocas actividades son tan sociales como el seguro y el mutualismo. El mutualismo se basa en compartir riesgos, acumular protección y devolver el valor generado a quienes forman parte de la comunidad.

La gobernanza también es decisiva. En una entidad que administra ahorro a largo plazo, lo que no se controla, mide, contabiliza y supervisa acaba convirtiéndose en un riesgo. Por eso la disciplina financiera, actuarial y contable no es burocracia. Es protección.

Construir organizaciones que mejoren la vida de las personas

La tecnología cambiará procesos. La regulación seguirá evolucionando. La longevidad continuará planteando desafíos. Las pensiones seguirán siendo objeto de debate. Pero hay una idea que debe mantenerse: el propósito de una entidad de previsión y seguro es mejorar la vida de las personas.

Eso implica gestionar bien el ahorro, ser prudentes con el riesgo, mantener la solvencia, ofrecer rentabilidad sostenible, desarrollar productos más inclusivos y utilizar la innovación para prevenir problemas antes de que sucedan.

También implica liderar desde la cercanía y formar profesionales con curiosidad, rigor y vocación de servicio.

El mutualismo, la actuaría y el seguro tienen mucho futuro porque responden a necesidades que nunca desaparecen: protegerse, planificar, ahorrar y vivir con mayor tranquilidad.

Más información en: AREA XXI

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