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Salario Básico en Ecuador

Dic 19, 2025 | Ecuador, Ejecutivos, Financieras

Salario Básico en Ecuador

El salario básico en Ecuador, conocido formalmente como Salario Básico Unificado (SBU), representa el ingreso mínimo mensual que un empleador debe pagar a un trabajador por una jornada completa de labor. Este concepto es fundamental en el marco legal laboral del país, ya que busca garantizar un nivel de vida digno para los empleados y sus familias, alineándose con principios constitucionales de equidad y redistribución de la riqueza.

Establecido como un mecanismo para combatir la pobreza y promover la inclusión social, el SBU influye directamente en diversos aspectos de la economía ecuatoriana, desde el poder adquisitivo de los hogares hasta los costos operativos de las empresas.


En el contexto actual, para el año 2025, el SBU ha sido fijado en USD 470, lo que implica un incremento del 2,174% respecto al valor de 2024, que era de USD 460.

Este ajuste se realiza anualmente considerando factores como la inflación, la productividad laboral y el costo de la canasta básica familiar. El Ministerio del Trabajo es la entidad responsable de su determinación final, especialmente cuando no se alcanza un consenso en el Consejo Nacional de Trabajo y Salarios (CNTS), que agrupa a representantes del gobierno, empleadores y trabajadores. Este proceso refleja el esfuerzo por equilibrar las necesidades de los trabajadores con la sostenibilidad económica de las empresas, en un país donde la economía dolarizada desde el año 2000 ha estabilizado las finanzas pero también ha expuesto vulnerabilidades ante fluctuaciones globales.

La importancia del SBU trasciende el ámbito individual, impactando en indicadores macroeconómicos como el consumo interno, la tasa de desempleo y la informalidad laboral, que en Ecuador afecta a más del 50% de la fuerza laboral. Para los trabajadores formales, este salario mínimo asegura beneficios adicionales como aportes a la seguridad social, vacaciones pagadas y bonificaciones, fomentando la formalización del empleo. Sin embargo, en sectores informales, el SBU sirve como referencia pero no siempre se aplica, lo que genera desigualdades. En un panorama regional, Ecuador se posiciona entre los países con salarios mínimos más altos en América Latina, lo que contribuye a reducir la brecha de pobreza pero plantea desafíos para la competitividad empresarial. Este artículo explora en profundidad la evolución histórica del SBU, su proceso de fijación, sus impactos económicos y sociales, así como comparaciones con naciones vecinas, con el fin de ofrecer una visión integral que oriente a lectores interesados en temas laborales y económicos.

Historia del Salario Básico Unificado

La trayectoria del salario básico en Ecuador se remonta a las primeras décadas del siglo XX, cuando el país comenzó a implementar medidas para proteger los derechos laborales en medio de un contexto de industrialización incipiente y movimientos obreros. En 1935, se estableció el primer salario mínimo vital en ciudades clave como Quito y Guayaquil, marcando un hito en la legislación laboral y respondiendo a demandas sociales por condiciones justas de trabajo.

Este salario inicial se calculaba considerando el costo de vida básico, incluyendo alimentación, vivienda y educación, y se ajustaba periódicamente para reflejar cambios económicos.

A lo largo de las décadas siguientes, el concepto evolucionó. Entre 1936 y 1968, se denominaba Salario Mínimo Vital, con ajustes anuales que variaban según regiones y sectores económicos. En 1968, se introdujo el Salario Mínimo Vital General, unificando criterios a nivel nacional para promover equidad. Sin embargo, no fue hasta el año 2001 cuando se adoptó oficialmente el Salario Básico Unificado (SBU), reemplazando denominaciones previas y estableciendo un monto único aplicable a todos los trabajadores del sector privado, independientemente de la industria.

Esta reforma se enmarcó en la dolarización de la economía ecuatoriana en 2000, que estabilizó los precios pero requirió ajustes salariales para mantener el poder adquisitivo.

Desde su implementación, el SBU ha experimentado incrementos consistentes. Por ejemplo, en 2010, el salario se situaba en alrededor de USD 240, y para 2015 alcanzó USD 354, con un aumento del 3,4% en 2016.

Estos ajustes han sido influenciados por políticas gubernamentales orientadas a la reducción de la pobreza, como durante el período 2007-2017, cuando se registraron incrementos significativos para alinear el salario con el costo de la canasta básica. En años recientes, los aumentos han sido más moderados debido a desafíos económicos como la pandemia de COVID-19 y la volatilidad de los precios del petróleo, principal exportación del país. Para 2024, el SBU era de USD 460, y en 2025 se elevó a USD 470, reflejando una tendencia de estabilización.

Esta evolución no solo ha mejorado las condiciones de vida de millones de ecuatorianos, sino que también ha impulsado reformas laborales, como la inclusión de salarios sectoriales para industrias específicas. 

Puntos clave en la historia del SBU incluyen:

  • 1935: Primer salario mínimo vital en ciudades principales.
  • 1968: Introducción del Salario Mínimo Vital General.
  • 2001: Adopción del SBU unificado en dólares estadounidenses.
  • 2010-2020: Incrementos anuales promedio del 5-10%, impulsados por políticas sociales.

Esta progresión demuestra el compromiso del Ecuador con la protección laboral, aunque persisten retos como la inflación y el desempleo juvenil.

Proceso de Determinación del Salario Básico

El proceso para determinar el Salario Básico Unificado en Ecuador es un mecanismo institucionalizado que busca equilibrar intereses diversos y asegurar ajustes basados en datos económicos objetivos. Anualmente, el Consejo Nacional de Trabajo y Salarios (CNTS) se reúne para deliberar sobre el incremento, compuesto por representantes del gobierno, el sector empresarial y los sindicatos de trabajadores. Este tripartismo fomenta el diálogo y previene imposiciones unilaterales, aunque en ausencia de consenso, el Ministerio del Trabajo asume la decisión final antes del 31 de diciembre.

El cálculo se basa en una fórmula que integra variables clave como la inflación acumulada, la productividad laboral, el costo de la canasta básica familiar y el Producto Interno Bruto (PIB) per cápita. Por instancia, la inflación es un factor primordial, ya que el SBU debe preservar el poder adquisitivo; si la inflación supera el incremento salarial, se erosiona el ingreso real de los trabajadores. Otros indicadores incluyen el desempleo, la informalidad y proyecciones económicas del Banco Central del Ecuador. Para 2025, el ajuste al USD 470 se derivó de un análisis que consideró una inflación moderada y la necesidad de estimular el consumo sin sobrecargar a las empresas.

Además del SBU general, se fijan salarios mínimos sectoriales para 2.169 cargos en diversas ramas de actividad, como agricultura, manufactura y servicios, mediante acuerdos ministeriales separados. Estos salarios pueden ser superiores al SBU básico, reconociendo diferencias en habilidades y riesgos laborales. El proceso culmina con la publicación de un Acuerdo Ministerial, como el MDT-2024-300 para 2025, que establece el monto y su aplicación a partir del 1 de enero.

Etapas clave en la determinación incluyen:

  • Convocatoria del CNTS: Reuniones en noviembre-diciembre para revisar datos económicos.
  • Análisis de indicadores: Inflación, productividad y costo de vida.
  • Negociación tripartita: Propuestas de incrementos por cada sector.
  • Decisión final: Consenso o decreto ministerial si no hay acuerdo.

Este enfoque asegura transparencia y adaptabilidad, aunque críticas surgen cuando los incrementos se perciben como insuficientes frente a la inflación. Para 2026, un acuerdo histórico elevó el SBU a USD 482, marcando la primera vez en nueve años sin imposición gubernamental.

Impacto Económico y Social

El Salario Básico Unificado ejerce un influencia significativa en la dinámica económica y social de Ecuador, actuando como un instrumento para la redistribución de ingresos y la reducción de desigualdades. En el plano económico, incrementos en el SBU estimulan el consumo interno al aumentar el poder adquisitivo de los hogares de bajos ingresos, lo que beneficia a sectores como el comercio minorista y la manufactura. Por ejemplo, el ajuste de USD para 2025 podría inyectar millones adicionales en la economía, fomentando el crecimiento del PIB. Sin embargo, para las empresas, especialmente las pequeñas y medianas (pymes), estos aumentos elevan los costos laborales, potencialmente afectando la competitividad y llevando a reducciones en la contratación o mayor informalidad.

Socialmente, el SBU contribuye a disminuir la pobreza, ya que cubre necesidades básicas como alimentación y vivienda para millones de trabajadores formales. En un país donde el salario mínimo afecta directamente a cerca del 30% de la fuerza laboral registrada, sus ajustes han ayudado a reducir la tasa de pobreza extrema del 16% en 2010 al 10% en años recientes. No obstante, en contextos de alta inflación, como durante la pospandemia, el impacto real se diluye, exacerbando desigualdades entre trabajadores formales e informales. Además, promueve la equidad de género al establecer un piso salarial igualitario, aunque persisten brechas en sectores dominados por mujeres.

Criticos argumentan que incrementos moderados, como el de 2,55% para 2026, no compensan el costo de vida, donde la canasta básica familiar supera los USD 700 mensuales. Esto puede generar tensiones sociales, como protestas laborales. En positivo, el SBU incentiva la formalización del empleo al vincularse con beneficios de seguridad social, reduciendo la vulnerabilidad ante enfermedades o jubilación.

Impactos principales:

  • Económicos: Aumento en consumo vs. mayores costos para empresas.
  • Sociales: Reducción de pobreza y promoción de inclusión.
  • Desafíos: Informalidad y erosión por inflación.

En resumen, el SBU equilibra crecimiento y equidad, pero requiere políticas complementarias como inversión en educación y productividad para maximizar sus beneficios.

Comparación con Otros Países de América Latina

En el contexto regional, el salario básico de Ecuador se posiciona como uno de los más altos en América Latina, tanto en términos nominales como relativos al PIB per cápita. Para 2025, con USD 470, Ecuador supera a naciones como Colombia (USD 348), Perú (alrededor de USD 300) y Bolivia (USD 320), pero queda por debajo de Costa Rica (aproximadamente USD 600), Uruguay (USD 500) y Chile (USD 500). Esta clasificación lo ubica en el cuarto o quinto lugar, destacando su compromiso con salarios dignos pese a un PIB per cápita moderado.

Relativamente, el SBU ecuatoriano equivale al 85% del PIB per cápita, una de las ratios más altas en la región, contrastando con México (alrededor del 50%) o Argentina (variable por inflación). Factores como la dolarización proporcionan estabilidad, a diferencia de países con monedas volátiles. Sin embargo, ajustes anuales en Ecuador son más conservadores que en México (17% en incrementos recientes) o Chile (16,9%).

Comparaciones clave:

  • Costa Rica y Uruguay: Salarios más altos, con énfasis en productividad.
  • Colombia y Perú: Inferiores, enfocados en atracción de inversión.
  • México: Incrementos agresivos para reducir desigualdad.

Esta posición regional subraya fortalezas ecuatorianas en protección laboral, pero también retos para la competitividad.


En conclusión, el Salario Básico Unificado en Ecuador representa un pilar esencial para la justicia social y el desarrollo económico, evolucionando desde sus orígenes en el siglo XX hasta convertirse en un instrumento clave en la era actual.

Con ajustes anuales que buscan equilibrar el bienestar de los trabajadores con la viabilidad empresarial, el SBU ha contribuido significativamente a reducir la pobreza y fomentar la inclusión, aunque enfrenta desafíos como la inflación y la informalidad. Mirando hacia el futuro, especialmente con el incremento a USD 482 para 2026 derivado de un consenso histórico, se vislumbra un panorama de mayor colaboración tripartita que podría fortalecer la economía. No obstante, para maximizar su impacto, es crucial complementar estos ajustes con políticas de educación, innovación y diversificación económica, asegurando que el crecimiento beneficie a todos los sectores. En un contexto regional donde Ecuador destaca por su salario mínimo competitivo, mantener esta trayectoria requerirá vigilancia constante de indicadores macroeconómicos y diálogo inclusivo. Ultimadamente, el SBU no solo define ingresos mínimos, sino que moldea el tejido social del país, promoviendo un desarrollo sostenible y equitativo para generaciones venideras.

Escrito por: Michel Carvajal

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